Un paseo a Bachicha
Federico García Lorca dijo en Cuba, en 1930, que lo más bello de toda la isla son los niños negros (Epistolario: 1102). Foto tomada en el Mirador de Yumuri, Altos de Montserrat, Matanzas.
Los niños no deben trabajar, como hacían los hermanos de los que se habla en el siguiente artículo de prensa, que bajo el título de "Un paseo por Bachicha", fue publicado hace ya cerca de siglo y medio (El Eco de Matanzas, 24 de Julio de 1859: 10-12).
"A las seis de la tarde nos dirigimos varios amigos hacia las afueras de la ciudad /.../ llegamos a la choza de un virtuoso artesano, hijo de Matanzas /.../ padre de una familia compuesta de cinco niños, de los cuales dos solamente pertenecen al sexo fuerte. El mayor de sus hijos, que es una niña, cuenta nueve años y cuatro el más pequeño. Acostumbrado al trabajo corporal desde su primera juventud y deseando inculcar en sus hijos con su ejemplo y con la práctica la misma saludable costumbre, origen de tanto bien para cada individuo como para la sociedad en general, inventó una máquina ingeniosa y sencilla y estableció una industria en que trabajaba toda la familia durante las horas desocupadas del día.
No soy partidario del cruel sistema que prescribe el trabajo de los niños durante largas horas; no, tengo por cuasi delito debilitar la parte física del infante impidiendo que se desarrolle libremente y por crimen privarle de la enseñanza moral e intelectual; pero creo conveniente, creo parte esencial de su educación, sobre todo si pertenece a la clase pobre, que se acostumbre desde sus tiernos años al trabajo.
La máquina de que venimos hablando, que se mueve con un caballo, sirve para aserrar la madera, cepillarla y prepararla de un todo para hacer con ella esas pequeñas cajas cilíndricas en que se expende pasta de guayaba y que usan también como recipientes de sus pomadas las boticas. Un niño de cinco años sentado y sin el menor peligro hace andar el caballo, el padre prepara la madera, y la más joven de sus niñas recoge las tablas y las virutas con que se confeccionan las cajas, mientras que los otros tres niños fabrican estas con tal rapidez que suelen entregar 500 al día, trabajando cuando más seis horas.
La vista de aquella inocente y juvenil familia empleada en tal industria despertó en nosotros multitud de reflexiones, dulces unas como la esperanza, tristes otras y sombrías como los oscuros cuartos en que viven apiñados los miembros de otras familias pobres. En efecto, aquellas graciosas niñas que emplean el día ora en el estudio, ora en las labores de su sexo, ora en aquella pequeña industria, serán corriendo el tiempo madres de familia cuyos hijos trabajadores y honrados vivirán felices y con holgura; y los hermanos de esas niñas, ¿qué han de ser sino copias de su buen padre? ¡Oh! si toda nuestra clase pobre se educara así! Si tantas niñas que pierden su tiempo en la ociosidad y el abandono, que serán luego frívolas, ignorantes e inútiles y que arrastraran ¡Dios no lo quiera! una vida miserable y desgraciada; si todas ellas se acostumbraran también al trabajo cuanto mejoraría la condición del pueblo!
La noche se nos vino encima y volvimos al centro de la ciudad, haciéndonos lenguas de la previsión de aquel buen padre".
La noche se nos vino encima y volvimos al centro de la ciudad, haciéndonos lenguas de la previsión de aquel buen padre".
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